A dos años de Ayotzinapa

Israel Quiñones
@IsraelQDigital

Las desapariciones forzadas son un tema de una dolorosa contemplación, además de formar parte de la metódica estrategia de regímenes autoritarios e indolentes. En México tenemos historia con respecto a este tema y más allá de eso, la indolencia que prevalece en varios sectores de la sociedad es verídica y a su vez es distraída con mala información y espectáculos televisivos.

El 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, ocurrieron hechos deleznables que mostrarían la verdadera cara de un gobierno incapaz de ejercer la justicia, en toda la extensión de la palabra y, con ello comenzaría la larga caída de la credibilidad gubernamental, acabando así con una imagen de cambio de rumbo a nivel nacional y global.

Ayotzinapa, sin duda se convirtió en la más pesada loza que ha venido cargando el gobierno encabezado por Peña Nieto, sin embargo, pareciera que se trata de un gusto masoquista y esto queda demostrado cuando Murillo Karam da a conocer la mal llamada “verdad histórica”, en donde es palpable que la PGR no quería investigar los hechos ocurridos en Iguala, la noche del 26 de septiembre.

Es un largo recorrido el que se ha hecho durante estos dos años en relación al caso Ayotzinapa y la mayor parte del mismo ha sido cubierto por meras suposiciones que hasta cierto punto parecen dolosas por parte de las autoridades. Es una realidad que Ayotzinapa alcanzó a conmocionar al país y al mundo entero, al mismo tiempo en que se demostraba, no la incapacidad, sino la mala intención de no querer encontrar una verdad que satisficiera a los padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos y de paso a una sociedad mexicana que comenzaba a despertar con este dramático hecho de la realidad nacional.

Nos hemos enterado más por investigaciones periodísticas que por medio de las investigaciones judiciales efectuadas acerca de lo ocurrido en Iguala, además de que cuando el apoyo internacional llegó por medio de la CIDH, el gobierno mexicano se mostró incomodo e inconforme con los informes basados de las investigaciones del GIEI, que de cierta manera dio espacio a la caída de la “verdad histórica” implantada por Murillo Karam, personaje que saldría por la puerta de atrás poco tiempo después.

Es importante poner las cosas sobre la mesa y recordar los acontecimientos que han venido replicándose durante este largo tiempo. Tiempo durante el que las respuestas han sido más que inexistentes y las preguntas han surgido a borbotones, comenzando por las lúgubres fosas clandestinas encontradas en Guerrero, repletas de cadáveres de desconocidos y después con la conmoción social que de buena o mala forma ha perdurado y no ha decaído.

Sí bien es cierto que al principio de este artículo hablaba de la indolencia, también es cierto que existe la exigencia social por llegar a la verdad, al desenlace de los acontecimientos de la noche del 26 de septiembre de 2014, año que marcó el fin de la inocencia para millones de mexicanos que estaban apabullados con las portadas de revistas internacionales que presumían el “Mexican moment”, que por cierto cayó muy rápido.

Imperdonables son las participaciones de policías municipales, estatales y federales, así como de elementos del ejercito mexicano, pero más allá de esto, se convierte en un hecho más imperdonable, mantenerse ciego ante la oscura realidad que es el no respeto a los derechos humanos, el no respeto a la vida misma, el dejar pasar por inadvertido el aberrante hecho de dejar desaparecer la verdad.

Porque vivos se los llevaron, Vivos los queremos.

 

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