De la inseguridad al desmantelamiento económico mexicano

Israel Quiñones
@IsraelQDigital
 
El tema informativo ha tomado una ruta algo impredecible, ya que ante las adversas condiciones diplomáticas con el exterior y la fragilidad interna del país, las noticias han tomado rumbos insospechados. Tal es el caso de la ley de seguridad, de la que algunos expertos en el tema han dicho que se trata de un golpe de estado desde el legislativo, sin embargo, Cienfuegos ha mencionado que “no quiere una ley a modo”, declaración que no suena nada convincente.

Las reacciones ante la aprobación de una ley de seguridad que colma al ejercito y armada de poderes casi sobrenaturales, ha puesto en alerta a la sociedad civil organizada en el país. Es necesario medir los efectos que está ley pueda tener sobre la vida cotidiana de los mexicanos y hasta que punto, este tipo de medidas acabara con la violenta situación que vivimos los mexicanos por diversas condiciones emanadas de la ingobernabilidad que la administración federal ha permitido que emerjan y se sostengan.

Es imposible que se olviden las imágenes que se viralizaron en la web, en las que un helicóptero de la marina armada de México, acribillaba a mansalva un objetivo del que hoy sabemos se trataba de una finca en la que según el reporte oficial pertenecía al lugarteniente del cártel de los Beltrán Leyva. La cuestión aquí es el uso excesivo de la fuerza en un área donde la población estaba expuesta y vulnerable.

No se trata de desacreditar a las fuerzas armadas como lo reclamaba el presidente Peña, sino que se trata de reflexionar acerca del poder que se le estará dando al ejercito y armada, con tal de seguir en el mismo tenor bélico que se ha desarrollado desde la declaratoria de guerra de Calderón.

Al parecer el desconocimiento de la historia es una constante en el gobierno federal, ya que la primera mitad del siglo XX y todo el siglo XIX, las dictaduras militares llevaron a nuestro país a una serie de regímenes autoritarios y controladores de toda la vida civil. Ante el clima de ingobernabilidad permanente.

Es impresionante que sigamos en la retorica de la seguridad inalcanzable, es inconcebible que ante una amenaza diplomática, como lo que es el nuevo gobierno de Estados Unidos, continuemos inmersos en una descomposición social de proporciones inimaginables y, aunque los esfuerzos se concentren en la maniática obsesión por electoral, las heridas se profundizan más en lugar de cerrarlas.

Ante la disyuntiva que representa el bienestar social y la emblemática lucha contra el crimen organizado, las prioridades del mejoramiento económico y social han quedado rezagadas a un segundo término, esto, por la falta de acuerdos políticos que representen un verdadero esfuerzo por mejorar las condiciones de vida en la mayor parte de la población.

Hace unos días, tuve la oportunidad de estar en Ciudad del Carmen, Campeche. El panorama luce desolador, ya que después de la reforma energética, la vida en este puerto no ha sido la misma. Abunda el desempleo, el crimen ha crecido y por supuesto, la posibilidad de encontrar mejores oportunidades de desarrollo han caído. Se pueden ver las plataformas petroleras a la orilla de la costa, varadas, solas, abandonadas…

Ante este panorama desolador, no veo el ángulo con que l gobierno de Peña quiera seguir defendiendo el mejoramiento social y económico a través de las mal llamadas reformas estructurales, sino todo lo contrario. El deterioro social y económico de la vida de los mexicanos es palpable a la mínima provocación y esto ¿a quien ha beneficiado? Cuando menos en Cancún, los desarrollos inmobiliarios de Mayacoba se ven esplendidos.

Vale la pena retomar el tema de la responsabilidad que implica el freno al crecimiento económico, a final de cuentas, los beneficiaros del progreso han resultado ser una minoría privilegiada que pretende fomentar el subdesarrollo de los demás.

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