El agosto de Uber

Decía mi padre que darse a querer es difícil y darte a odiar con una sola acción lo consigues... / Foto: Internet

Jorge Luis Urzúa F.
@j_urzua

Decía mi padre que darse a querer es difícil y darte a odiar con una sola acción lo consigues. Esa ha sido una de las grandes directrices en mi vida.

Y es que el amor, es como la confianza, se gana poco o poco y se puede perder de un plumazo.

Es lo que le pasó a Uber, la moderna aplicación para transporte privado, cómodo y seguro que muchos hemos defendido y usado como una verdadera y eficaz opción de movilidad.

Los responsables de esta empresa han tratado de explicar lo que ocurrió el miércoles pasado, durante la aplicación del “doble no circula” por la contingencia ambiental en la Ciudad de México, lo que generó una demanda extraordinaria de su servicio y con ello, la aplicación en automático de su “tarifa dinámica” que elevó el costo de un viaje hasta en diez veces a lo establecido.

Esto desató la indignación de los usuarios que pagaron hasta 1400 pesos por un viaje que usualmente le cuesta menos de 300. ¡Un boleto de avión por un trayecto de taxi!

Para estas personas, los argumentos de Uber, salen sobrando.

El primero de ellos es que “el usuario tuvo la opción de rehusar el servicio”, -es cierto-, pero la gran mayoría de quienes tienen la aplicación, confiaban en Uber y no esperaban este “asalto”, por ello, planificaron desplazarse ese día usando esta modalidad y con el tiempo encima “no tuvieron de otra”.

Algunos pudieron haber perdido el día o el trabajo, de no llegar a sus citas por la crisis de transporte que desató la restricción, los menos pudieron hallar una alternativa.

Uber dice que la “tarifa dinámica” aplica para garantizar el servicio en “situaciones extraordinarias”, que la tarifa se ajusta mediante algoritmos, “que no les había pasado en ninguna otra ciudad del mundo” y lo que guste y mande.

Bien pudo la firma haber salido rápidamente a ofrecer alguna compensación a los afectados, más que intentar justificaciones que enojaron mucho más, a quienes se sintieron literalmente robados.

Lo cierto es que se trató de un oportunismo, -acaso sin premeditación-, si creemos en lo que se nos dice, pero al fin y al cabo el resultado fue el mismo, “hicieron su agosto en pleno abril” y no hay vuelta de hoja.

Me recordó a los comerciantes voraces que suben el agua potable y los alimentos en 10 veces su valor o más, en medio de un desastre.

Quizá un incremento de hasta el 10 por ciento, por aquello de la oferta-demanda,  hubiera sido absorbido con resignación por los usuarios.

¡La tarifa dinámica debería tener un tope lógico y aceptable!

El atribulado jefe de Gobierno capitalino anunciaba el viernes pasado que “Uber aceptaba eliminar su ‘tarífa dinámica’  y que reembolsaría a los afectados, pero la empresa le corrigió la plana en un comunicado y dijo que la tarifa se queda.

Solo reembolsará a quienes pagaron “de manera excesiva”, es decir, 4.9x pa’arriba. Los demás se amolaron.

La peor publicidad es la que se hace de boca en boca y será difícil para Uber atraer de nueva cuenta a usuarios decepcionados mientras otras opciones de la competencia, -que incluso bajaron tarifas-, seguramente capitalizarán en clientes nuevos este hecho desafortunado para Uber.

La moraleja es: el consumidor tiene en sus manos el poder de castigar los abusos, cualquiera que sea la explicación. “Hoy me la aplicaste, ¡pero no volverá a suceder!”.

¡Usted tiene la Disyuntiva! 

Jorge Urzua188 Posts

Periodista con 30 años de experiencia en medios electrónicos, con especial predilección por la radio, pero fascinado con las posibilidades que hoy ofrecen las nuevas tecnologías de la información.

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