Entre las redes y el control mediático.

Israel Quiñones.

El enrarecimiento y polarización de la política, no sólo depende de los mismos actores, sino que también se convierte en una dependiente de los mensajes enviados a los ciudadanos por vía de los medios, ya sea por los digitales o tradicionales, aunque en estos últimos la controversia de la información depende mucho de la credibilidad que la empresa televisiva, radiofónica o impresa siga manteniendo entre las audiencias, cosa que no es tan tangible en la red, pero que al mismo tiempo no contiene el mismo impacto mediático a menos que un medio tradicional le de relevancia.

El fratricidio panista puede ser un ejemplo singular de la exposición mediática que se ha conseguido, ya sea positiva, negativa o constructiva o en su defecto destructiva, dependiendo del emisor y en su caso de los receptores o audiencias que a su vez, emiten opiniones por medio de las redes sociales. Este asunto ha agravado las especulaciones y favorecidos.

La utilización de los medios para ser parte del entramado político en México no es una cosa nueva, ahora con el surgimiento y establecimiento de las redes sociales la necesidad de un nuevo modelo de difusión se ha convertido en una prioridad y más, cuando nos encontramos en el umbral de una elección presidencial. En el caso de Acción Nacional, el énfasis de los ataques y discusiones publicadas, más no públicas, se ha convertido en una estrategia mediática entre los mismos actores políticos.

La proliferación de opiniones digitales se ha vuelto un arma de doble filo, puesto que muchos de los que elaboran dichas columnas o video-columnas, pueden encontrarse en un contubernio económico con distintos personajes de la escena política nacional o en su defecto, la exageración del mensaje puede invalidar la opinión que es emitida, caso parecido al de los medios tradicionales, pero que aún no dejan de ser consultados por todos los estratos sociales, por ende, se continua con una especie de preferencia mediática por el periódico, la televisión o la radio.

A pesar de la penetración del internet, ya sea en banda ancha móvil o fija, los medios tradicionales continúan con la preferencia de la población, ya que la falta de infraestructura y una economía sana para la adquisición de equipo que pueda acceder a internet, la televisión sigue manteniendo la principal audiencia en nuestro país, es por esto que la Ley Federal en Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) prosigue en mantener inmóvil  el mercado de la radiodifusión, ya que a final de cuentas, este mercado y sus concesionarios se convierten en una herramienta fundamental en tiempo electoral.

Sí bien es cierto que la internet y sus contenidos pueden ser una opción viable para las audiencias proactivas, la realidad implica que los medios tradicionales siguen manteniendo la prioridad en audiencias, audiencias que no opinan más allá de su propia mente, pero lo más probable es que la formula que se ha mantenido en los contenidos teledifundidos en este país, prefieran una audiencia acrítica y de poca información más allá de sus contenidos noticiosos y a la vez, censurando u ocultando notas que ellos prefieren que el público no conozca, tal es el caso de la investigación periodística del portal “Animal Político”, que se titula “La estafa maestra”, que no ha encontrado más que menciones en algunos diarios de circulación nacional, pero sólo ha quedado en el silencio de la pantalla o la radio.

Es una realidad que los medios digitales han mantenido un crecimiento exponencial entre las audiencias en el país, pero también es cierto que las condiciones socioculturales, económicas y de infraestructura, se han convertido en un muro para la mejor exposición de los medios nativos de la red, por lo que los medios tradicionales del régimen, siguen manteniendo el poderío informativo entre la sociedad mexicana.

Por otro lado, es una realidad que existe una crisis periodística, pues con el establecimiento de las redes sociales se ha tenido una migración de medios tradicionales a la red, sin dejar su espacio natural, pero ha ocurrido lo mismo que ocurre en otros ámbitos laborales y es que la intervención de la mano humana en el proceso informativo se ha cambiado por otros métodos tecnológicos que abaratan la información y por ende, el oficio periodístico.

Está crisis sólo puede ser solventada con una visión a largo plazo y cambiando el modelo de negocio de la información, tal y como lo mencionó Antonio Caño, director del periódico El País en Lisboa, dentro del marco del aniversario del diario portugués Público.

La crisis del periodismo radica en que la gran  cantidad gratuita de información que ronda en la red ha hecho que lectores ya no se acerquen a los puesto de periódicos a adquirir el diario de su preferencia, sino que solamente lo consulten por medio del internet, pero tampoco podemos negar que estos consumidores de información siguen siendo una minoría y lo más probable es que en México, este fenómeno sociocultural pueda agravar aún más la condición de los medios impresos especialmente, ya que nuestro país se destaca por el empobrecido número de lectores.

Es verdad que la información es poder, también es cierto que la información puede ser un buen negocio, el problema es que en México, las empresas como Televisa quieren quedarse con ambos aspectos del mercado, sin contar el control electoral y el negocio que este significa.

@IsraelQDigital

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