Inyección milagrosa

ATERRIZANDO SUEÑOS
Bety Camiade 

Aún me recuerdo en mi infancia como una niña, debilucha, flaquita y enfermiza. También recuerdo a mi mamá siempre preocupada por mi salud, porque no era una niña especialmente buena para comer.

Quién me iba a decir que, con estos antecedentes, algún día como en este presente que vivo me llamarían: Bety Camiade “Una mujer de hierro, una mujer audaz”. Sería lo último que hubiera imaginado y creo que mi mamá también.

En esas enfermedades recurrentes de vías respiratorias que me afectaban en la niñez, constantemente me recetaban “inyecciones de Penicilina”… cómo odiaba este tratamiento y qué pavor le tenía. Pero fueron el arma que me sacó adelante tantas veces que me vi tan mal.

Hoy en día hago una comparación y una reflexión de una situación peculiar, a la que la mayoría tenemos miedo, sabiendo o no, que esa peculiaridad significa mucho de nuestro éxito o fracaso en lo que emprendemos, en nuestra vida diaria o en lo que quisiéramos lograr.

Para asistir a esos demandantes ultramaratones de hasta 250 kilómetros, en lugares inhóspitos y siendo autosuficiente, sin duda alguna para salir adelante bien librada y poderme enfrentar a cada reto que se presenta durante la competencia, he tenido que entrenar arduamente con meses de anticipación; todos los días, aún cuando la flojera o la apatía se han hecho presentes, ni pensar en ir y poner en riesgo mi vida por no haber cumplido con ese entrenamiento demandante y específico tanto de técnica, como en lo físico y lo mental. Sin dudarlo sé que para lograr cumplir con estos entrenamientos he tenido que echar mano de esta “peculiar herramienta”.

Constantemente en las conferencias que imparto, surgen preguntas tales como: ¿Cómo es posible que logres un reto tan demandante? ¿No te cansas? ¿No te da miedo? ¿Y vas tu sola? ¿De dónde sacas tanta fuerza? ¿Cómo le haces? Y curiosamente todas llevan a una misma respuesta: “Disciplina”.

Siempre noto que cuando digo la palabra “disciplina”, da miedo o nos impone rigor y respeto, así que muchas personas prefieren sacarle la vuelta. Justamente a mí, cada que escuchaba esta palabra “disciplina” me sonaba a “penicilina”, con mi experiencia de infancia, Dios, ¡Qué miedo!

Y hoy me doy cuenta que esta palabra es la que tiene esa peculiaridad, la de llevarte de la mano hasta el cielo mismo y alcanzar el éxito, si así te lo propones. Definitivamente es toda una virtud que se tiene que cultivar.

Por ahí escuche que la disciplina es: “Hacer lo que tienes que hacer, cuando tienes que hacerlo… Aún cuando no quieres hacerlo”. Así que mis estimados amigos, les recomiendo que lejos de temer y alejarnos de la DISCIPLINA, la hagamos parte de nuestra vida diaria, cultivémosla todos los días: pronto te das cuenta que es tu mejor herramienta para alcanzar todo lo que te propongas.

Es primordial y de suma importancia, recibir todos los días, una valiosa “INYECCIÓN DE DISCIPLINA”.

 

miabety@gmail.com

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