La perfección de equivocarse. Bety Camiade.

ATERRIZANDO SUEÑOS. Cuántas veces como padres hemos querido evitar que los hijos se equivoquen… Los hemos querido perfectos y así también como padres, hemos querido ser padres perfectos… ¡Qué grandes errores!

Errores tanto en no dejar que los niños experimenten, investiguen, analicen, jueguen y por ende aprendan, que hagan suyo el conocimiento así de primera mano, experimentando ellos, viviendo, creando.

Les queremos hacer y resolver todo para “que no sufran” y “no les cueste trabajo” o “que no pasen lo que uno mismo pasó”. Y tanto error también como en ser esos padres autoritarios que queremos “que los hijos sean sabios”, “que no se equivoquen, que no cometan errores”, “que sean perfectos”, como si de nacimiento se trajeran las habilidades y el conocimiento en un chip diseñado a la perfección para que funcione como si el niño fuera un robot programado para desempeñarse perfectamente. Los asustamos y anulamos con regaños, gritos, castigos o con actitudes negativas provocadas por nuestros propios miedos.

La perfección en la vida no es eso… La perfección en la vida es lo contrario. La vida es un constante experimentar y equivocarse para luego levantarse, buscar la solución de otra manera y así aprender y poder asimilar la verdad. La vida es un constante aprendizaje. ¿Cómo pretender hacer nuestras las vivencias sin errores, sin equivocaciones? Siempre lo digo: “Si no cuesta trabajo, si se consigue fácil, no se valora, no se hace propio, no trasciende”.

Sin duda, cada etapa de nuestra vida requiere sus diferentes aprendizajes, pero la infancia es la más importante para cultivar muchas de las cualidades que como adultos, necesitaremos tener desarrolladas para de alguna manera dar pelea en un mundo competitivo; o para aprovechar al máximo las oportunidades que se nos presentan. También para reconocer nuestros talentos desarrollados desde la infancia por toda esa libertad de expresión, de experimentar y disfrutar al mismo tiempo; o simple y sencillamente para que la vida nos fluya de una manera más práctica y disfrutemos más de los retos y de cada situación que la vida nos presenta.

Los niños que son libres de experimentar, de realizar tareas y equivocarse a lo largo de su infancia (ojo: libres me refiero a permitirles a ellos de primera mano, experimentar, pero bajo una guía y una supervisión, muy diferente a dejarlos hacer todo solos y exponiéndolos a un peligro inminente), aprenden a tener seguridad, aprenden a ser sociables, son naturalmente emprendedores, creativos, hábiles de pensamiento y también para ejecutar deportes y actividades físicas. Son audaces, tienen hambre de conocimiento, de aprender, buscan desafíos, son curiosos, buscan y encuentran respuestas. En fin, serán adultos más adaptados a las exigencias que el mundo moderno requiere.

Ahora te invito a reflexionar sobre el mismo párrafo anterior, pero de una manera inversa, negativamente… ¿Está de dar miedo no? Y si puedes observar, al cambiar así de manera inversa el texto, serían esas maneras de educar a un niño, pensando como lo digo en el inicio de esta reflexión de “querer tener hijos perfectos” o de “querer ser padres perfectos”.

Todo lo que he mencionado es producto de mis propios aprendizajes, como madre, como profesora, como mujer, como atleta; con esto no quiero decir que soy perfecta ni que tengo el tema dominado, ni tampoco que sean reglas generales. Simplemente son reflexiones que hoy en mi presente me hago y que muchas de ellas precisamente las hago, porque las aprendí a base de prueba y error, y me costaron caídas y bastantes lágrimas, digamos que “la regué muchas veces” y “la sigo regando”; en algunas circunstancias he aprendido el camino correcto o el mejor o más adaptado a mis circunstancias y en otras muchas soy “cabeza dura” aún, pero lo reconozco y estoy en busca de mejorar.

Si eres humano, tendrás errores y por eso existen para que al equivocarte, busques soluciones, te enfoques nuevamente y puedas aprender muy bien la lección y así quede enraizada en tu conocimiento y tengas crecimiento. No sientas culpa, levántate y busca maneras de salir adelante exitosamente, de reconstruirte, este desafío es justo para que te lleve a la meta que quieres alcanzar. ¿Tienes miedo a fracasar? ¡Olvídalo! ¡El fracaso solo existe cuando dejas de intentar y te das por vencido!

Ahora después de esta reflexión, ya sabes a que me refiero con esta contradictoria frase, que a su vez resulta bastante práctica e innovadora: “LA PERFECCIÓN DE EQUIVOCARSE”.  contacto@betycamiade.com

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