LadyReportera, un ‘memecidio’

Las jaurías hambrientas de criticarlo y juzgarlo todo desde la comodidad de la clandestinidad o la identidad falsa no se acabará.

Jorge Luis Urzúa F.
@j_urzua

Hace unos días, se viralizó una imagen en la que una novel reportera de Televisión Azteca en Puebla, era cargada por dos personas para evitar mojarse los pies, cuando cubría una inundación.

Rápidamente se le bautizó como #LadyReportera, en esta chocante moda de anteponer esta palabra “Lady” o “Lord”, para cualquier persona grabada en un momento incómodo o fácilmente reprobable por la “sociedad” del ciberespacio.

Esta joven se llama Lydia Regina Cummings, tiene 24 años de edad y las jaurías de jueces sumarios en las  que se han convertido las redes sociales de inmediato la hicieron pedazos con burlas y críticas. Juzgaron, sentenciaron y la condenaron, así, sin más.

Incluso muchos colegas la criticaron también por su “falta de profesionalismo y entrega”, en lugar de salir en su defensa y quizá señalarle su error, pero sin condenarla.

Esos reporteros de larga data saben bien que en esta profesión se está expuesto a muchos errores por el riesgo, la premura, la apreciación, en fin. “En la casa del jabonero, el que no cae resbala”.

Esos compañeros también la atacaron olvidando sus propios inicios, -quizá más erráticos que los de la propia Lydia-, solo que en su época, no existían las redes sociales.

Yo recuerdo verdaderos “osos” de muchos compañeros que entonces no fueron ridiculizados ni expuestos, sino reprendidos en privado y quizá suspendidos sin llegar a la lapidación pública. No nos hagamos, quien no ha cometido errores y los comete en su labor profesional. (Me incluyo)

Un veterano reportero me comentó en mis primeras lecciones en este oficio que “los periodistas hacen públicos sus errores y los médicos los entierran”, por ejemplo. Y eso que en aquel lejano 1987 no había hashtags, pero se refería a un error en una nota publicada o un enlace en directo, donde el comunicador es más susceptible de fallar.

Este Ciberbullying o “memecidio”, le diría yo, por la cantidad de imágenes que ahora se acostumbra realizar con una genialidad que bien pudiera ser canalizada de manera más positiva, le costó el trabajo a Lydia, quien deberá asumirlo como una experiencia de vida y no dejarse vencer por la crítica descarnada.

¡Alégrate Lydia!  Ya eres mucho más famosa que muchos de tus compañeros que te condenaron, muchos de los cuales nunca lo serán.

Sí, quizá, Lidya cometió un error de juicio, pero es al fin y al cabo una reportera joven, que se enfrenta a sus primeras situaciones en el campo y como tal, debe aceptarlo sin justificación y creo que así lo hace.

“Hoy en día la evolución de las comunicaciones, nos permite ser jueces sin rostro y sin identidad y la distancia digital nos hace proclives a críticas tan duras, que difícilmente haríamos de frente”, declara Lydia en un video en el que intenta explicar su yerro.

Es lamentable la decisión de sus “jefes” que debieron quizá reprenderla pero apoyarla, pues ahora tienen una reportera con una enorme enseñanza que seguramente va a capitalizar en el futuro.

-Hay que recordar Lydia, que uno aprende más de los errores.

Las jaurías hambrientas de criticarlo y juzgarlo todo desde la comodidad de la clandestinidad o la identidad falsa no se acabará. Es la libre expresión, aunque mucha de ella vaya cargada de la propia amargura personal.

Los demás, no debemos tener miedo de hacer un llamado a la sensatez, a la cordura, a decir, -¿un momento!, no juzguemos sin conocer, aun en aquellos casos en los que la imagen sea determinante.

Informémonos un poco antes de juzgar y condenar. Una imagen no cuenta una historia completa y aun cuando así sea, pensemos y reflexionemos antes de opinar, no nos dejemos influir por la generalidad de voces.

Es lo que pediría cualquier señalado por la turba hambrienta de hacer leña del árbol caído.

¿Qué tal si la Lady o el Lord fuera usted?

 

Jorge Urzua408 Posts

Periodista con 30 años de experiencia en medios electrónicos, con especial predilección por la radio, pero fascinado con las posibilidades que hoy ofrecen las nuevas tecnologías de la información.

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