Moraleja, el legado de Fidel

Foto: Xinhua

Fidel Castro Ruz es el claro ejemplo de que el poder ilimitado envilece y que todo legítimo anhelo se pervierte sin los contrapesos adecuados.

Indudablemente, Fidel es un personaje clave sin el cual no se entendería gran parte de la actualidad social y política en América Latina, pero su legado no es precisamente loable.

Ejerció el poder de manera totalitaria por 47 años y sólo el paso del tiempo lo obligó a “heredar” el puesto a su hermano, el actual presidente Raúl Castro, a quien ya la naturaleza reclamará también en breve su retiro.

La imposición de sus ideas provocó el sufrimiento del pueblo cubano por el que se supone tomó las armas, dividió familias y expulsó a más de un millón de ciudadanos que no resistieron la limitación de sus libertades, las carencias y su aprisionamiento. Cientos murieron en el intento al hacerse a la mar en improvisadas balsas.

Aplastó sin miramientos cualquier intento de rebelión, encarceló a las voces disidentes, desapareció a la prensa libre y suprimió los derechos humanos.

Alentó a discípulos que resultaron imitadores de sus ideas más extremas explotando el discurso de “favorecer al pueblo y terminar con la corrupción”, pero resultaron peores que los regímenes que combatieron y ahí están los venezolanos para atestiguarlo en presente continuo.

Podrá decirse que Cuba tuvo progresos en rubros sociales como la salud y educación, pero en toda dictadura los avances son innegables, porque ocurren por decreto y no se pierde el tiempo en discutir decisiones. (Acaso la única ventaja de las dictaduras pues ocurrió lo mismo con Pinochet en Chile y con México en el Porfiriato)

Cualquiera que haya visitado Cuba podrá atestiguar las limitaciones y la segregación en que vivían, (el cubano no tenía acceso a ciertos lugares y productos que eran solo para el turista) situación causada sí por el bloqueo económico de los Estados Unidos, pero también por la cerrazón y el orgullo de Castro que prefería anteponer el sufrimiento de los cubanos antes que negociar o moderar su postura.

Su hermano Raúl fue quien decidió dar espacio a los nuevos tiempos e incluso logró el restablecimiento de relaciones con el gobierno de Barack Obama. Ahora ese logro es incierto por otro extremista que llegará a la Casa Blanca.

Un “Fidel Castro” en nuestros días, es una figura obsoleta, un caudillo que busca la imposición antes que el bienestar, un demagogo más, que se asume como dueño único de la verdad y la razón, poseedor exclusivo de las soluciones, mesías que puede hablar por horas sin escuchar ni un minuto y medicina que resulta más amarga que la enfermedad que ofrece curar.

El mundo hoy está lleno de estos personajes, -sean de izquierda o de derecha-.

Sepultemos con Fidel Castro a su ideología extrema.

 

Jorge Urzua425 Posts

Periodista con 30 años de experiencia en medios electrónicos, con especial predilección por la radio, pero fascinado con las posibilidades que hoy ofrecen las nuevas tecnologías de la información.

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