No ganó el PAN; fue la sociedad

En Acción Nacional (PAN) deben tener muy claro cuál fue la causa del “éxito” que les llegó sin que lo esperaran en esa magnitud: el absoluto y profundo rechazo al PRI. / Foto: Internet

ANDARES POLÍTICOS
Benjamín Torres Uballe
@BTU15

A medida que se diluyen los efectos de la resaca por el sorprendente e inesperado triunfo panista a costa del ahora alicaído Partido Revolucionario Institucional (PRI), en las pasadas elecciones, la realidad y lo que se le viene encima al partido azul comienza a vislumbrarse: dejar de ser el instituto político mediocre en que se convirtió a causa de las disputas internas por adueñarse de su control y volver a ser el contrapeso al poder, una obligación ineludible.

En Acción Nacional (PAN) deben tener muy claro cuál fue la causa del “éxito” que les llegó sin que lo esperaran en esa magnitud: el absoluto y profundo rechazo al PRI. Un hartazgo de ciertos sectores de la población que alucinan a la clase política, en especial a los priistas que hoy detentan el poder y no son capaces de controlar sus ansias de corrupción, de beneficiarse inmoralmente de lo que representa ocupar un cargo público, ni construir una mejor nación.

Por eso, el PAN debe ser mesurado y objetivo con el knock out que le propinó a su contraparte tricolor y no caer en el autoengaño. Quien derrotó al partido del presidente Enrique Peña Nieto —es por todos sabido— fue la sociedad, que así lo decidió, nadie más.

Hoy no basta con haber vencido al Revolucionario Institucional y, como lo afirma Ricardo  Anaya, al régimen y su aparato. Eso no les alcanza per se para reposicionarse en el gusto y preferencia de la población. Aún están pendientes varias cuentas que deberán liquidar en su momento: la opacidad en la construcción de la Estela de Luz, el ignominioso caso de la Guardería ABC acaecido durante la gestión de Felipe Calderón, el tema de los moches y el sospechoso silencio en el comportamiento y acusaciones en contra del ahora ex gobernador de Sonora.

Dos años es muy poco tiempo en el camino hacia Los Pinos. Mucho y variado puede suceder al recorrerlo. Si la dirigencia del blanquiazul considera que con haber tundido al PRI le alcanza para regresar a la silla presidencial, incurre en soberbia y falta de claridad en el entorno político. Existen grupos panistas cuyos intereses son amplios y heterogéneos, por lo tanto, primero deberán armonizarlos y acordar una plataforma común rumbo al 2018 que satisfaga a los votantes, bastantes de ellos decepcionados por los 12 años de gobiernos azules.

Mucho daño le causó al PAN haberse alejado de los principios doctrinales que lo distinguieron como un partido de prestigio, con opciones reales de gobierno que llamaron la atención de la sociedad. Tanto que ésta se dispuso a llevarlo a la Presidencia de la República por dos sexenios. Pero estando ahí, dejaron de escuchar a los ciudadanos y pronto incurrieron en los mismos “vicios” del dinosaurio tricolor. Los panistas se enfermaron de poder, populismo y corrupción.

No tardó en llegar el declive, y la gente los echó también a ellos de Los Pinos. Los cuestionamientos por su desempeño en ambos sexenios fueron y han sido severos. La coincidencia de los críticos y detractores parece ubicarse en que, ya en el poder, no supieron qué hacer con éste (excepto los hijos de doña Marta, quienes lo aprovecharon muy bien).

Pero como todo en la vida, el partido fundado por Manuel Gómez Morín tiene otra oportunidad para retomar sus ideales democráticos y demostrar que no es frágil flor de un día. Para ello es necesario que se desprenda de pesados lastres, salve complicadas rémoras y, sobre todo, sea congruente con el discurso que pretende comunicar. De poco sirve que se intente envolver en la bandera anticorrupción, si antes no la practica desde la dirigencia hasta el último de sus militantes.

Casos como el de la chapodiputada, Lucero Guadalupe Sánchez; el del senador Jorge Luis Preciado, quien no tuvo empacho en realizar una fiesta en la sede del recinto legislativo; el del diputado Alberto Villarreal y compañía, exhibido en plena “pachanga” con varias damas, y el del “repentino” aumento en el poder adquisitivo de César Nava —uno de sus presidentes nacionales— para comprar un lujoso departamento en una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México, son algunas “joyas” de las que debe desprenderse Acción Nacional, entre otros vicios.

Si bien el mapa político de México se transforma con las victorias panistas, hay que esperar a ver si no se reacomoda nuevamente en el 2018. El trabajo y los resultados que entregue el PAN a la ciudadanía serán fundamentales en ello. ¿Lo querrán hacer? ¿Lo podrán hacer?

EL INFIERNO DE VIVIR EN LA COLONIA NARVARTE DE LA CDMX

Nos escribe una lectora para denunciar que en la calle de Uxmal, en la Ciudad de México —otrora una zona habitacional que gozaba de cierta paz y seguridad por la convivencia cívica y educada de sus habitantes— se ha autorizado, cerca del Mercado 1º de Diciembre, la apertura de negocios que venden alimentos.

Debido a que los locales donde se ubican son muy pequeños, nos explica la vecina del lugar, los comerciantes toman la vía pública como local privado para sus fiestas, borracheras y escándalo con altavoces ensordecedores. “Las personas ya no pueden tener derecho a su justo descanso durante la noche, trabajar de día, como es lo común; decidir desvelarse o madrugar a libre albedrío”, nos comenta. La delegación Benito Juárez no debe seguir ignorando la queja vecinal.

@BTU15

Benjamín Torres Uballe55 Posts

Benjamín Torres Uballe es autor de la columna 'Andares Políticos' que se publica en diversos medios digitales en la República Mexicana. Es apasionado de México, aficionado irredento al futbol, le gusta leer, oír música, conversar y caminar sin rumbo. Alucina a los gandallas.

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