Sin piedad…

Nuestro país tiene una larga data de agravios cometidos por autoridades hacia los ciudadanos, décadas de abuso y represión por “usos y costumbres”

Jorge Luis Urzúa F.
@j_urzua

Nada es más fácil que denunciar al malhechor; nada es más difícil que entenderlo. (Fyodor Dostoyevsky)

Disculpas y promesas…  Es el discurso oficial “de catálogo” cuando queda al descubierto el mal comportamiento de quienes integran las instituciones, actos abominables de los que se supone, deberían estar al margen, como la corrupción, el robo, el homicidio, la tortura.

Nuestro país tiene una larga data de agravios cometidos por autoridades hacia los ciudadanos, décadas de abuso y represión por “usos y costumbres” de servidores que con un cargo, uniforme o placa, han cometido “en nombre de la seguridad nacional”, de la ley, o simplemente para encubrir sus propias fechorías.

Matanzas, desapariciones forzadas y fabricación de culpables han sido una práctica sistemática como supuesto sinónimo de aplicación de la ley. “Herencia” perversa en el relevo generacional en estas instituciones.

Tlatelolco 68, el ‘Halconazo’, la guerra sucia en los setenta, Aguas Blancas, Ayotzinapa, Tlatlaya, son solo algunas referencias que la sociedad lleva en la memoria de actos infames cometidos por hombres de uniforme o con “charola”.

En días pasados trascendió el caso de Elvira Santibañez Margarito, alias “La Pala”, una presunta integrante del grupo criminal “La Familia Michoacana”, detenida en Ajuchitlán del Progreso, Guerrero, el 4 de febrero del 2015 en un operativo conjunto del Ejército y la Policía Federal.

La mujer fue sometida a interrogatorio con la técnica de la asfixia, muy socorrida por agentes de “inteligencia” (¿?) o judiciales que carecen de ella para obtener información, o bien, la admisión de culpas no necesariamente verídicas.

En el caso de Elivira, una joven de 22 años, son dos mujeres las que la someten al suplicio, quizá en una absurda lógica de que por tratarse de una presunta delincuente femenina, el maltrato debía ser infringido por elementos de su género para hacer la cosa “más pareja” o acaso, menos aberrante.

Cualquiera o casi cualquiera –por lo visto-, se conmueve al escuchar el llanto y los pedidos de misericordia de la mujer, no así sus torturadoras que incluso incrementan el castigo.

Sabemos que los efectivos de las fuerzas de seguridad se enfrentan a criminales sin entrañas, que torturan y descuartizan a sus enemigos, pero eso no los habilita a incurrir en los mismos actos.

El stress o fatiga que enfrentan quienes están en la primera línea de lucha contra la delincuencia, no justifica que se conviertan en monstruos iguales o peores a los que persiguen.

“El fuego se combate con fuego”; “para que la cuña apriete debe ser del mismo palo” o muchos otros argumentos podrán darse, pero no debemos olvidar esa frase que dice: “gran parte de la maldad en este mundo está hecho por personas con buenas intenciones”.

Los representantes de la ley NO deberían dejar de comportarse como seres racionales y superiormente intelectuales a sus enemigos para obtener el respeto y no el temor de la sociedad a la que sirven.

Lo peor es que no son raros los casos en los que las víctimas de su brutal accionar, son personas inocentes, simples sospechosos o en el peor de los casos, “chivos expiatorios”, a quienes endilgarles algún delito.

Quien haya visto de frente a la maldad y sobrevivido a ella podrá decirme con toda legitimidad que no sé de lo que hablo, pero yo me pregunto y le preguntaría entonces ¿cómo se puede dormir en las noches o abrazar a sus madres, esposas e hijos llevando en la conciencia el haber torturado o asesinado?

Soy solidario y respetuoso con quienes por el simple hecho de ponerse el uniforme son blanco susceptible de la criminalidad y no necesariamente reconocidos por la sociedad debido al cúmulo de historias macabras que se han cometido.

Pienso que en estos casos tampoco debemos generalizar y apelemos a los que tengan la valiente  #Disyuntiva de intervenir para detener estos actos o denunciarlos, como quizá fue el caso de quien reveló este material por el que pudimos conocer estos hechos.

A ellos, gracias.

-Si intentas curar el mal con el mal, vas a agregar más dolor a tu destino. (Sófocles).

 

Jorge Urzua772 Posts

Periodista con 30 años de experiencia en medios electrónicos, con especial predilección por la radio, pero fascinado con las posibilidades que hoy ofrecen las nuevas tecnologías de la información.

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