¿TORTUGA O LIEBRE?

ATERRIZANDO SUEÑOS. Bety Camiade.

Es inevitable practicar la disciplina de correr y alguna vez tener el pensamiento de si nos parecemos más a una “tortuga” o a una “liebre”. Recuerdo bien una competencia en la que participé, de esas que me gustan, de ultradistancia y autosuficiencia, exactamente en el Desierto del Sahara, en Egipto. ¡Estaba tan entusiasmada! Quería aplicarme en todo, trataba de estar al 100% en todos los aspectos, me preparé concienzudamente.

Era mi primera carrera de más de 200 kilómetros que, aunque por etapas, resulta ardua y tiene su chiste para mantenerse en óptimas condiciones físicas, mentales y emocionales hasta el término de la misma. La mayoría de las veces que he asistido a estas carreras, voy sola con mi alma y mi voluntad, pero bien puestas ambas.

Esa vez me tocó compartir tienda de campaña con nueve competidores (varones) de diferentes nacionalidades, todos ellos compitiendo en equipo y entre amigos, como quien dice acompañados; en esa edición no hubo ningún participante mexicano o mexicana.

Solo yo, me sentía bastante sola, pero extrañamente me sentía al mismo tiempo muy acompañada de “mí misma”, como nunca tuve una introspección en mi razón, en mi entendimiento, en sentimientos y emociones, en percibir todos los detalles del exterior y hacerlos míos y desmenuzarlos con mente, cuerpo y alma para llevarme infinidad de aprendizajes de toda índole, y sobre todo de conocimiento de mí misma.

Yo iba para enfrentar este desafío, para terminar, cruzar la meta y tener la satisfacción de algo extraordinario que se logra y se guarda como una gran experiencia de vida. Así sin tener expectativas de alcanzar algún lugar dentro de los primeros lugares, solo por el gusto de hacerlo, de disfrutarlo y poner a prueba todas mis facultades, las cuales entrené arduamente para esta travesía durante meses anticipados. Y así ocurrió, pero en especial esta competencia me marcó porque descubrí capacidades en mí que yo desconocía.

Capacidades,como por ejemplo, hacer frente a situaciones adversas de hostilidad en cuanto al clima, del entorno, del terreno; de tomar decisiones correctas para mi desarrollo durante el recorrido, sin perder el control, sin descuidar mi integridad, de que no se me escapara detalle alguno en mis cuidados para sobrevivir las condiciones extremas y estas pudieran traer consecuencias negativas en mi salud y en terminar exitosamente.

Pero definitivamente, las capacidades en mí que más llamaron mi atención, fue el dominio de mis propias emociones bajo estas circunstancias adversas, en todo momento me observé ecuánime, respondiendo con inteligencia, sin bajar la guardia y afrontando cada situación.

Creo que estar “sola” me obligó a tomarme muy en serio y como nuncaantes, el control de todo mi desempeño en todos los aspectos, incluso cuando tuve reacciones negativas hacia mi persona por parte de compañeros de tienda de campaña que desde el inicio me subestimaron por ser mujer, por no ser joven e incluso hasta por ser mexicana… Así es y aunque la mayoría de las veces la gente es empática y se percibe camaradería, también existen este tipo de hostilidades de personas muy competitivas (que no está mal), pero con la actitud negativa de llevar prejuicios hacia los demás.

Me recuerdo en la etapa larga de 90 kilómetros, me sentí bastante bien y me prometí, me programé para no parar hasta llegar a la meta de ese día, incluso llegaba a los abastecimientos de agua y ni siquiera me sentaba (es algo que me funciona muy bien, no dejo que llegue un bajón de energía por enfriarme, me mantengo activa hasta el final). Así lo hice y esos competidores a los que me refiero con actitud negativa, recuerdo haberlos visto sentados, descansando en cada uno de estos puntos de chequeo, incluso hasta acostados y cada que me veían aproximarme, salían disparados como alma que lleva el diablo.

Ya de noche pasé por uno de estos puestos de control y los vi dormitando y comiendo, no me vieron quizá por la negrura de la noche o por el cansancio acumulado, el caso es que yo seguí mi tarea de no parar y llegue para mi sorpresa, obteniendo el Segundo Lugar General Femenil de esa etapa larga. ¡Nunca lo hubiera imaginado! ¡Estaba tan contenta, experimenté un sentimiento de euforia! Que incluso me quitó el cansancio o los dolores propios por tan ardua tarea ejecutada.

Recuerdo haber entrado a mi tienda de campaña y encontrar a solo cuatro de los hombres con los que compartía: me miraban como si fuera un bicho raro y al mismo tiempo se preguntaban ¿qué había pasado con los demás que no habían llegado aún? Y ¿cómo era posible que, en mi condición de mujer, con mi edad (incluso bastante mayor que la mayoría de ellos), estuviera llegando antes que los demás?

Me puse cómoda, me alimenté, atendí mis heridas (las físicas: caídas de uñas, ampollas, etc.). No así las de la autoestima, porque esas no permití que me llegaran y me hicieran bajar la guardia, por el contrario, me crecí y por ningún momento descuidé mi enfoque en lograr mi reto hasta el final. Un par de horas después se hicieron presentes los demás competidores de nuestra carpa, aún recuerdo sus ojos como “platos” y sus caras desencajadas porque me vieron ahí recostada ya descansando; me acribillaron con preguntas, suposiciones y hasta algunos tuvieron la osadía de comentar que seguro alguien de la organización me había ayudado.

Hoy recuerdo con emoción, un tanto divertida y con cariño cada momento que me aconteció en esa competencia, me regaló experiencias invaluables, que me dieron gran seguridad en mis decisiones, en mis emociones, en mi sentido común. Me vi como “La Tortuga” decidida, tenaz, perseverante; sin distraerse de sus objetivos a pesar del entorno agreste y hostil.

Y al final de la competencia esas “liebres” que de alguna manera sin saberlo fueron mi acicate para no darme por vencida, reconocieron y hasta estrecharon mi mano y nos despedimos con un gran abrazo. A veces los he vuelto a encontrar, pero respetamos el valor que cada quien tiene bajo sus muy particulares circunstancias, condiciones y capacidades.

Si parecemos “liebres o tortugas” ¿qué más da? Finalmente ¡Todos, hombres o mujeres, jóvenes o viejos, ricos o pobres, feos o guapos, veloces o lentos, extranjeros o no; somos afortunados por compartir esta maravillosa experiencia que es la vida!                                 contacto@betycamiade.com

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