¡Una Olimpiada llena de esperanza!

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FOTOS: XINHUA

RIO DE JANEIRO (Xinhua).- Quizás no haya tenido la fuerza y el glamur de Beijing 2008 o la elegancia sofisticada de Londres 2012, pero Río de Janeiro demostró que con un pequeño presupuesto se puede lograr un gran impacto al presentar una ceremonia inaugural olímpica que será recordada por su color, imaginación, pasión y profundo mensaje de esperanza.

Unos 21 millones de dólares estadounidenses se invirtieron en el gran espectáculo de cuatro horas en el Estadio Maracaná, alrededor de la mitad del gasto de hace cuatro años en Londres. Durante la semana, el productor ejecutivo del espectáculo, Marco Balich, manifestó que la cifra era irrelevante, prometiendo que la creatividad de su equipo de producción garantizaría que la inauguración de Río sería la más “sensacional” de la historia.

El italiano de 54 años, quien participa en sus 17 ceremonias de inauguración y clausura de los JJOO, cumplió con su palabra.

La ceremonia de este viernes comenzó con un vídeo de dos minutos mostrando cómo el deporte es una parte integral del estilo de vida de Río, donde la naturaleza y la vida urbana coexisten en armonía.

El vídeo estuvo acompañado por la canción “Aquele Abraco” (Aquel abrazo), compuesta por la leyenda del bossa nova Gilberto Gil. La canción, interpretada aquí por Luiz Melodia, fue vista como un símbolo de la lucha contra la dictadura militar en Brasil.

Los focos se dirigieron luego al centro del estadio, donde artistas vestidos con ropa color plateado reprodujeron un diseño creado por Athos Bulcao, cuya obra es ampliamente entendida como un reflejo de los elementos fundadores de la cultura brasileña, con sus raíces africanas y portuguesas. Olas gigantes fueron creadas por el movimiento de unas 250 hojas metálicas al ritmo de la música Samba de Verao (Samba de Verano).

Seguidamente se realizó una cuenta regresiva en la cual los cuadros se inflaron por su propio movimiento. Las hojas se transformaron en cojines gigantes, que percusionistas tocaron para interpretar una “batucada”. En el centro del escenario se levantó el diseño de un árbol, simbolizando la paz con la tierra.

El principal elemento utilizado en el segmento fue el Abrigo, desarrollado por el artista de Río Franklin Cassaro. El símbolo de la “paz con el planeta” fue diseñado por el caricaturista y escritor Ziraldo.

Una gran ovación estremeció el estadio tras la presentación del presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach.

El compositor y letrista de samba Paulinho Da Viola interpretó una delicada y emotiva versión del himno nacional brasileño junto a una pequeña orquesta de cuerdas. Mientras, un grupo de deportistas brasileños, jóvenes y viejos, ondeaban la bandera brasileña en un escenario curvo, inspirado por el famoso arquitecto Oscar Niemeyer. Entre los experimentados deportistas se contaron Robson Caetano, Fernanda Venturini, Giovane Gavio y Maurren Maggi.

La siguiente sección se dedicó a la región amazónica, hogar de la selva tropical más grande del mundo. Los productores crearon “el nacimiento de la vida” con una proyección tridimensional de microorganismos que se movían y dividían frenéticamente. Los microbios, representados por grandes esculturas cinéticas, revolotearon por el escenario. Luego, un bosque grande llenó el centro del estadio.

Dos grupos indígenas, interpretados por bailarines del Festival de Parintins, surgieron de la sombra convergente de mariposas amarillas. Mostraron modelos de su arte, interpretando su danza nativa con las bandas elásticas en la mano, las cuales formaron grandes cabañas.

La audiencia quedó cautivada con los acróbatas que simulaban el movimiento de barcos en medio de una tormenta. Los artistas representaron tres carabelas mecánicas que llegaban a Brasil después de cruzar aguas inexploradas. Al aparecer en el centro de la escena quedaron rodeados por tribus indígenas. Sus movimientos dejaron un rastro visible en el paisaje.

La esclavitud se sufrió durante casi cuatro siglos en Brasil y la historia de los esclavos no ha sido olvidada aquí. Ruedas y palos simbolizaron los arados cuando los artistas presentaban la escena en que esclavos encadenados trabajaban. El proyectado bosque dio paso a las plantaciones de caña de azúcar, mostrando cómo el desarrollo industrial ha dado forma al territorio brasileño.

Hubo también una mención a los descendientes orientales y árabes, con grupos de bailarines interpretando una coreografía que rindió homenaje a su cultura y sus arduos viajes desde tierras lejanas.

El Brasil contemporáneo se convirtió en tema central cuando emergió un perfil de una ciudad majestuosa, que representa las densamente pobladas metrópolis brasileñas como Sao Paulo, la mayor ciudad en América del Sur y la mayor del Hemisferio Sur. Tres grupos de parkour saltaron acrobáticamente desde lo alto de un edificio a otro, mostrando la capacidad de Brasil de superar los abismos. Acompañados por una versión de la canción de Chico Buarque “Construcción”, un grupo de cajas tomó la forma de una muralla gigante.

La muralla desapareció en la oscuridad y la aeronave 14-bis, inventada y volada primero por el aviador brasileño Santo Dumont, apareció a la vista. Un actor que representaba a Dumont sobrevoló Río mientrtas sonaba la melodía de Samba de Aviao de Tom Jobim.

Ninguna celebración de la cultura de Río estaría completa sin un reconocimiento a la bossa nova, la sensual y suave melodía nacida en la ciudad costera en los años 50 del siglo pasado y aclamada en todo el mundo en los años 60. Entonces se interpretó de manera muy acertada la canción más famosa del género, la Chica de Ipanema, por Daniel Jobim, nieto del compositor de la canción Tom Jim, cuya imagen fue proyectada en el escenario.

Al mismo tiempo, la supermodelo Gisele Bundchen caminó hacia la imagen, dejando un camino sinuoso parecido a las curvas caracterizadas por la arquitectura de Niemeyer.

Río de Janeiro es una ciudad de más de 1.000 favelas, comunidades que dan origen a muchos bailes y ritmos. La artista de funk Ludmilla deleitó a la audiencia con su interpretación de “Rap da Felicidade”, un himno en las favelas de Río, mientras un chico bailaba.

Elza Soares luego interpretó Canto de Ossanha, canción que jugó un gran papel para convertir la música afrobrasileña en la corriente principal. El segmento fue completado por Zeca Pagodinho y Marcelo D2, artistas comtemporánes de Río que han creado sus propios estilos a través de fusionar samba, pop, pagode y hip hop.

Dando crédito al empoderamiento de las mujeres negras, las raperas brasileñas Karol Conka y MC Sofia cantaron mientras un bailarín interpretó una combinación de la danza de rotura con la capoeira. MC Sofia, de apenas 12 años de edad, mostró todos los ingredientes de una estrella de pop global con su presencia irresistible y llena de confianza en el escenario. “Mira y escucha a esta chica negra. Céntrate solo en el empoderamiento, el respeto a nuestra lucha y nuestro movimiento”, cantó.

El escenario se llenó posteriormente de bailarines de Maracutu y Bate Bola. En una alerta sobre el peligro de la intolerancia, estalló una batalla entre dos grupos que convulsionó al estadio. La energía y la tensión de los artistas retrataron las disputas aún por resolver en Brasil y el mundo.

La actriz Regina Case puso al público a sus pies al bailar Pais Tropical mientras Jorge Ben Jor tocaba la guitarra. Su presentación fue seguida por coreografías de un típico Madureira Baile Charme, o baile del alma, con la representación de 1.500 bailarines. El segmento terminó con el despliegue de fuegos artificiales.

La siguiente parte de la ceremonia fue un recordatorio del grave impacto del cambio climático. Las pantallas con datos de la NASA demostraron la expansión de gas carbónico en la atmósfera, el aumento de las temperaturas, el deshielo de las capas de hielo y el incremento del nivel del mar. Asimismo, un niño intentaba de encontrar un lugar fuera del laberinto de construcciones en un entorno seco y sin árboles.

Las sombrías escenas fueron seguidas por un mensaje de esperanza cuando el niño vio una planta emerger del árido terreno. El poema “A Flor e a Nausea” de Carlos Drummond de Andrade fue leído por Fernando Montenegro y Judi Dench. Sus versos expresan la esperanza de que el planeta pueda ser salvado. “Paren el negocio”, escribe el poema. “Una flor ha brotado en la calle”. Asimismo, las pantallas mostraron los beneficios de plantar nuevos árboles e informaron que Brasil ha reducido la desforestación en la región amazónica en un 80 por ciento desde 2005.

Por primera vez en los Juegos Olímpicos, los deportistas participaron en el programa creativo de la ceremonia inaugural al recibir una semilla y un pequeño saco con tierra. Las 11.000 semillas serán plantadas en el Parque Radical ubicado en el Deodoro Olímpico de Río, formando el bosque de los atletas. Serán 207 especies de árboles de Brasil, una diferente para cada nación participante en los JJOO.

Enrique Cárdenas208 Posts

Fundador de Reforma y de exitosas páginas online de los medios El Universal, Televisa y Excélsior. Pionero en el periodismo digital.

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