Aterrianzado sueño: Planeta extremo

ATERRIZANDO SUEÑOS
 
Bety Camiade
miabety@gmail.com
 
¿Imaginas conocer los lugares más inhóspitos sobre el planeta? ¿Los más extremos? Y los más bellos también. Podría contarte que su belleza resulta la mayoría de las veces una “belleza dolorosa”, porque todo ese collage que los conforma, llega hasta tí de manera abrupta, fascinante y a la vez sin clemencia.

El aire que te toca suavemente, a veces convertido en tormentas de arena, te lastima sin piedad. La lluvia, en ocasiones suave y refrescante brisa, llega a transformarse en un torrente que te sacude de pies a cabeza y hasta te ahoga.

El astro rey de nuestra galaxia, ese hermoso sol responsable de preservar la vida, pero al mismo tiempo con el poder de quitarla, puede acariciarte dulcemente y enseguida azotarte hasta quemarte. La nieve, paisaje blanco precioso, lleno de pureza y al mismo tiempo, paralizante y cegador.

Los paisajes de estos lugares recónditos no piden permiso para tocar tu cuerpo, tu espíritu, tu alma. Te hacen pasar de la más delicada caricia a una bofetada que puede dejarte atónito, embelesado, perplejo. Su majestuosidad te obliga a doblegarte y al mismo tiempo, a no dejarte vencer y saber que estás hecho de esa “misma tierra” que lo conforma, la de nuestro Planeta Extremo, nuestro Planeta Tierra, nuestra cuna, planeta azul y verde, un planeta bello y lleno de vida.

Voy a contarte poco a poco en esta columna mi historia dentro de este mundo extremo, de cómo me convertí no sólo en una madre de familia, sino también en una ultramaratonista, que utiliza sus pies para recorrer largas distancias y su espalda para cargar una mochila, conteniendo equipo de supervivencia, de cómo poner a prueba la mente para alcanzar desafíos que pensaríamos inexistentes y, por ende, aprender y alimentar el espíritu.

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